Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Lun Abr 25, 2016 10:33 pm

Claire:
La pelirroja estaba confundida. Que el chico de lentes se riera de esa manera después de tal acto de muerte hacia una de esas criaturas, parecía un psicópata (Por así decirlo), no sabía que reaccionaría de esa manera, creía que estaría asustado, traumado o algo por el estilo. Pero en todo caso se alivió un poco de que estuviera bien y que ese problema no hubiera pasado a mayores, aunque se le notaba algo intranquila; Observaba como el pelimarrón se le acercaba al cadaver de aquella cosa, sus gestos indicaban que no estaba del todo bien, en cuanto se venía de regreso quizo preguntarle lo mismo, pero fué interrumpida por él hablando sobre baseball y sobre ocultar un cadáver.

¿Acaso quieres enterrarlo? ¿No sería mejor llamar a la policía?

Notó que volvió a reír mientras jugaba con su cabello, en serio le parecía bastante extraño el chico a pesar de que antes creía que era tan normal como cualquiera. Le cambió el tema sobre comida, nunca había probado comida japonesa, solo china; también sentía un poco de hambre debido a que no había comido nada desde que había llegado a ese país, pero aún así le pareció un cambio de tema muy drástico.

¿Okonomi....qué?


Un nombre bastante extraño para una comida, no alcanzó preguntarle que era cuando ya el chico se dió la vuelta y se dirigió a hacer lo que quería. Se le notaba totalmente tranquilo, fue algo sumamente inquietante para la peliroja, es como si no hubiese pasado nada. No quizo seguirlo, en cambio se quedó para observar mejor el cadáver, se acerca a este algo nerviosa y luego se aparta, era la primera vez que veía algo así y tan de cerca pero... ¿De donde habrá venido? Se supone que esas cosas estaban en la ciudad, ¿Ya la enfermedad había atacado por aquí también? pensaba.

Se dió cuenta que aún tenía algo de sangre de aquella criatura en ella, así que fue al baño a limpiarse. Por el camino creyó escuchar la voz de Miyuki hablando solo, pensó que era por teléfono, aquello le recordó de nuevo a su hermano.

¿Cómo estará Chris?...

Con algo de suerte pudo encontrar la puerta que dirigía al baño y entró en el mismo. Era un baño normal como cualquiera, tenía una tina con regadera la cual podía cambiarsele la temperatura del agua, un gran espejo sobre el lavamanos, los cepillos de dientes y cosas de aseo personal alrededor de este, y al lado en un estante en la pared con un botiquín de primeros auxilios.

En cuanto la pelirroja iba a empezar a limpiarse creyó oír el sonido de alguien tocando la puerta, parecía que Miyuki tenía invitados, se apuraba en limpiarse la sangre que llevaba encima para poder saber quiénes eran, al terminar salió del baño en dirección a la sala. Cuando iba por los pasilos escuchó voces de nuevo, pero esta vez del pelimarrón con alguién mas, se ocultó en una de las puertas corredizas y observó lo que pasaba, al parecer era la policía, finalmente el de lentes los llamó, pero estos estaban muy armados y protejidos de pies a cabeza, más bien parecían del ejército que de la policía. Además que ella sabía cuál era su uniforme debido a lo sucedido cuando había llegado a Japón.

Observó que se llevaban dos bolsas negras, una grande y una pequeña. La grande asumió que era de la criatura que mató pero la pequeña desconocía su paradero. Sale de donde estaba, finjiendo que no había visto nada y que solo venía de aquella dirección, se le acercó al hombre y al de lentes algo tranquila.

Hola, ¿Está todo bien?

El hombre comentó sobre quitarse la ropa, en una especie de inspección de rutina para cerciorarse que no hubiesen heridas o mordidas. También le pidió la identificación a la chica, ya que había notado su acento extranjero.

Ah, si. Mi pasaporte, mi pasa...

Se tocaba los bolsillos pero se había acordado que perdió su maleta en el camino con su identificación y todo, estaba totalmente indocumentada. Intentó explicarle al hombre sobre lo sucedido y que este no era el momento se esos casos, que ahora había algo más grave, pero este le reclamó diciendo que debía ir con ellos a la comisería más cercana, ya que era totalmente sospechosa y no tenía más opción, si se rehusaba la llevarían a la fuerza. La pelirroja miró a Miyuki algo triste, pero luego cambió su cara a una leve sonrisa como advirtiéndole que todo estaría bien, le revolvió los cabellos al pelimarrón y decidió irse por las buenas, no tenía nada que ocultar así que les explicaría todo al llegar a su destino.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Miér Abr 27, 2016 7:23 pm

Miyuki:
Cuando el castaño quiso alejase y evitar desnudarse frente a la puerta de su casa, el militar; porque eso es lo que era, cualquier persona con dos dedos de frente se daría cuanta que no eran de sanidad, como le habían dicho que eran, por lo menos ya admitían no ser policías, lo tomó del brazo insistiendo a que obedeciera. Miyuki se soltó, pensando en si hacerle caso o no, aunque dudaba mucho que pudiera negarse. Finalmente accedió, pero si tenía que hacerlo se sentía con el derecho de saber lo que realmente ocurría con la supuesta rabia. Sin embargo, antes de que preguntara la pelirroja apareció. Observó como el militar dejaba de hacerle caso para pedirle los papeles que le validaban la estancia en el país. Vio angustia en el semblante de Claire. No, tal vez no era angustia pero era claro que no llevaba los papeles que le pedían.

No perdió detalle de la conversación, dándole la razón a la chica, no tenían por qué llevársela, pero al parecer ella no quería causar problemas.

Apartó la cabeza cuando sintió como revolvían su cabello, no le gustaba ese gesto. Le hacían sentir como niño pequeño y no lo era, además aquella sonrisa que le acababa de dedicar… la detestaba. Esa manera de tranquilizar a la gente, con un “no te preocupes, todo saldrá bien” silencioso, sólo lograban que los de alrededor y allegados se preocuparan más, tal vez no por lo que realmente fuera a pasar pero sí por las especulaciones que el subconsciente creaba.

Miyuki se acercó al “oficial” que se llevaba a Claire, objetando a favor de ella. Lo cuestionó y argumentó que una persona de “sanidad” no tenía la autoridad legal para llevarse a un indocumentado, cosa que dudaba que fuera la pelirroja, ella sólo era una turista con mala suerte. El militar trato de razonar con ambos, de hacer a un lado, con palabras, al castaño pero él estaba reacio a dejar que se llevaran a su compañera así tan fácil, incluso comentó que era ilógico que tomaran más atención a un extranjero que al dueño de la casa, menor de edad,  que tenía armas en su sótano. Y no, el castaño no lo mencionó por error, intuía que en la pequeña bolsa, que todavía se movía, iba la niña y si la habían sacado significaba que habían visto las armas. Pero por la sorpresa en el rostro del militar entendió que él no lo sabía. Le restó importancia.

Tan concentrado estaba en la pelea verbal que no notó a otro “hombre de salud” acercárseles hasta que le habló. Pidiendo lo mismo que el anterior con la diferencia de que esta vez no sólo se lo pidió a él sino a la chica que intentaban llevarse. A través de los cristales de sus lentes los ojos del castaño se posaron en la pelirroja; luego, en el primer militar que le había hablado y seguía medio shokeado por las armas, por lo menos con eso dejó de insistir en llevarse a la pelirroja; y, por último, se quedaron fijos en el recién llegado.

Los músculos, producto de largas horas de entrenamiento  y de un joven de 17 años en pleno crecimiento, se dejaron ver después de que el castaño se quitase la polera. Tenía un ligero cambio en su tono de piel de brazos y cara en comparación con el resto, pero eso no disminuía lo bien marcado que estaba. Sin embargo, lo que sí opacaba su físico y lo que provocó que nueve fusiles de asalto lo tuvieran como objetivo fue la venda que le rodeaba el tórax.

Ver a su vecino con “rabia” un segundo y al siguiente verlo tirado, muerto, en su jardín no lo había asustado tanto como tener a nueve personas dispuestas a llenarlo de plomo. El castaño alzó las manos en señal de paz, que se quitase la playera había provocado un silencio pesado, interrumpido sólo por unos pasos que salían del interior de su casa. Giró un poco la cabeza para ver al décimo hombre salir, algo que le llamó la atención además de que este también le apuntaba con otra arma fue que, aquel extraño iba vestido de diferente manera, parecía una especie de oficinista con ese traje. Vio los labios del hombre moverse pero no captó, a la primera, lo que le pedían, cuando pudo entender que le exigía una explicación, aspiró e inspiró para tranquilizarse, comenzando a relatar la causa de sus vendajes.

El menor comenzó a quitarse las vendas mientras contaba que había ocurrido en medio de un partido de baseball y los vendajes, entre otras funciones, servían para evitar movimientos bruscos.

El mismo militar que había intentado llevarse a Claire se le acercó, no lo notó, estaba concentrado en narrar bien lo sucedido, por lo que no pudo reprimir bien una mueca de dolor que le provocó el repentino movimiento al que fue sometido. Su brazo estaba siendo halado con fuerza hacía un extremo dejando vía libre a la zona donde un hematoma, ya menos morado que al principio, abarcaba desde la sexta linea costal hasta casi la linea esternal de su costado derecho y una buena parte de la zona infraescapular externa estaba del mismo color, también podía apreciarse que seguía ligeramente inflamado. Sintió los dedos del militar presionar con fuerza, la zona amoratada, por lo que sólo atinó a quejarse silenciosamente, vio acercarse al “oficinista” para examinarle. Después de una eternidad, según Miyuki, lo soltaron y dejaron de apuntarle.

Se acercó a la pelirroja, se sentía con el orgullo herido. Militares paranoicos, no tenían porqué haberlo zarandeado tanto, pensaba el castaño.

Después de que los de “sanidad” se marcharan, Miyuki invitó a Claire a pasar de nuevo a su casa. Esperó a que la chica entrara para cerrar las puertas con llave. Llegó hasta donde estaba ella y arrojó su playera al mueble más cercano.

-¿Red-chan, me ayudarías? No muerdo-

Le sonrió con travesura, mostrándole las vendas.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Sáb Abr 30, 2016 6:11 pm

Claire:
En cuanto estaban a punto de marcharse el pelimarrón interrumpió su ida objetando en contra de lo que hacía el oficial, se le notaba muy alterado como si realmente no quisiera que se llevaran a la pelirroja. Claire tampoco quería irse de esa manera y menos aún cuando hechos tan extraños y escrupulosos estaban sucediendo, aunque había accedido a irse con los uniformados previamente, prefirió razonar tambien con el hombre, al respecto.

Otro hombre se les había acercado interrumpiendo la discución, pidiendo lo mismo que exigió el "policial" al mando en un principio, pero a ella. La pelirroja no tuvo tiempo de responder cuando ya estaba observando que Miyuki se empezaba a desvestir, se le notaba algo extraño en la piel, por lo que todos los hombres encontrados allí tomaron sus armas y apuntaron en dirección al de lentes.

¡Esperen, ¿Que hacen?!

Uno de los policías la tomó del brazo haciendo alejarse de Miyuki y sujetandola por detras de la espalda, como si fuera a hacer algo para evitar el acontecimiento que estaba ocurriendo. La estaban sujetando muy fuerte, tanto que hasta sentía el dolor en sus brazos por la fuerza que ejercían en estos, pero si intentaba hacer algo en contra temía por la vida de ella y la del pelimarrón. Sus gestos eran de agustia y preocupación, algo de dolor pero más por Miyuki, quien después que se quitara las vendas mostrando su herida, la cual ni idea de que tuviera una tan grave en ese lugar y que antes no se la habían comentado, explicaba lo sucedido mientras se dejaba mostrar ante los presentes.

El hombre con quien estaban discutiendo anteriormente se le acercó y comenzaba a verificar si lo que decía era cierto, en el proceso lo estaba maltratándolo de una manera no propia de un policía, parecía un científico examinando a una rata en un laboratorio, no le importaba si le dolía o no, solo estaban concentrado en el objetivo de encontrar alguna prueba con la que empezaran a abrir fuego en contra del chico. Ya cuando comprobó que no era lo que ellos pensaban y que en realidad era lo que decía el de lentes, lo dejaron tranquilo y bajaron sus armas, soltarón a la pelirroja y se dispusieron a retirarse.

Miyuki se le acercó e invitó a pasar a Claire, por supuesto que ella accedió de inmediato, le parecía impresionante que aún con tanto dolor se comportara de esa manera tan amable y no perdiera la cordura, o rompiera en llanto, o algo por el estilo. Despues de que el pelimarrón cerrase las puesrtas de su casa con seguro, volvió a acercarsele a la pelirroja arrojando su playera a uno de sus muebles para luego sonreírle mientras le mostraba sus vendas. Fue algo que dejó impactada y extrañada a la pelirroja, ¿Qué tendría en el cerebro para actuar de esa manera? ¿"No muerdo"?, dejó de lado esos pensamientos y socorrió al pelimarrón llevándolo con cuidado a uno de los muebles y sentándolo en este.

Kazuya hay que hacer algo con esa herida y esas vendas ¿Por que no me lo habías dicho antes?

Recordó haber visto un botiquín de primeros auxilios en el baño, le exigió al de lentes que se no se moviera y se retiró a buscarlo. Regresó luego con este y se acomodó a un lado de Miyuki apoyando su pierna en el mueble y la otra en el piso, colocó el botiquín en la mesa que estaba en frente y lo abrió para proseguir a sacar unas vendas limpias y algo de desinfectante. En cuanto le empezaba a quitar las vendas al chico este hizo una mueca de dolor por el acto.

Aguanta un poco.

Retiró las vendas dejando a la vista su horrible herida y los moretones, suspiró con tristeza y procedió a desinfectarlo, para luego colocarle las nuevas vendas. Ya después guardó los instrumentos y cerró el botiquín, se acomodó mejor en el mueble sentandose correctamente mientras observaba al pelimarrón.

Creo que ya no podremos fiarnos de esas personas, tendremos que encontrar la manera de buscar la solución en otra parte por nosotros mismos. ¿Los policías en Japón son así de estrictos?




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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Miér Mayo 04, 2016 2:08 am

Miyuki:

-¿Preocupada por mí, Red-chan?-

Fue lo primero que dijo en cuanto se sentó y dejó su celular sobre la mesita de enfrente. Tenía un codo apoyado en su pierna mientras la observaba cínicamente. La sonrisa burlona en su rostro sólo era una capa que cubría el dolor que comenzaba a punzar desde su torso. No hacía mucho había tomado las pastillas contra el dolor y su efecto seguía presente, aún podía sentir la somnolencia que le provocaban, sin embargo, y pese a sus esfuerzos por no moverse mucho, el que lo hayan torcido los oficiales lo estaba resintiendo más de lo que hubiera imaginado.

¿Que por qué el menor no le había mencionado nada? Sencillo, porque no era tan fácil que contara su vida al primer extraño con el que entablara una conversación de menos de un día. Incluso, sus amigos más cercanos desconocían algunas cosas de su vida, consideraba que hablar de sí mismo era de total irrelevancia a menos que fuera muy, muy necesario y como eso casi nunca ocurría...  

Cuando estuvo solo se permitió un suspiro apesadumbrado, recargándose contra el respaldo del sofá. Miyuki cerró los ojos, recordando los momentos posteriores al partido que les dio la victoria del torneo. Los primero minutos de celebración los pasó en un taxi rumbo al hospital mientras era regañado por una de las profesoras que ayudaban al equipo, recordó que no fue euforia y felicidad lo que sintió en ese taxi, sino una desazón y pesimismo que contrastaban mucho con su personalidad normal, fue uno de esos momentos en los que la presión pudo más que él y sólo podía hundirse más y más en la depresión. Por lo menos ese estado de sopor no le duró mucho. Recordó, también, a uno de sus senpais sermoneándolo sobre lesiones y sus consecuencias. De hecho, todo el equipo lo regañó por su imprudencia, internamente agradecía su preocupación aunque por fuera lo había demostrado con burlas hacia ellos.

Sonrió justo en el momento en que escuchó los pasos de  Claire acercarse. Se incorporó, observando el botiquín en manos de la pelirroja. Colocó sus manos por detrás de su nuca para así dificultar menos la labor de un cambio de vendas. Un movimiento mal hecho provocó una mueca de dolor en el castaño. Asintió a sus palabras de apoyo mientras esperaba que terminara el proceso, le dedicó una sonrisa agradecida cuando eso pasó.

-Esos no eran policías… Los policías te ayudan y no te cuestionan. Mucho menos te apuntan con sus armas cada que ven una cosa que no les parece. No sé qué pretendían, pero tampoco eran del centro de salud como habían dicho.-
dijo –Ellos eran militares. Excepto uno.-

Mencionó, recordando al “oficininista”. El ruido de un nuevo mensaje interrumpió sus cavilaciones que no habían ni empezado. Tomó el celular de la mesita. Sus mejillas se colorearon de un tono rojizo al leer el asunto del mensaje, qué persona ponía eso cuando no se es nada. Sin embargo, cuando leyó el resto del mensaje su expresión cambió totalmente a una de incertidumbre.
Miró a la pelirroja y le sonrió.

-¿Red-chan, tienes familiares en Amerika?... Toma, intenta llamar desde aquí-

Le pasó su celular sin cerrar el mensaje. Se levantó y con un “continuaré con la cena” la dejó sola. Las palabras de su kohai seguían presentes en su cabeza, desde el fondo de su corazón deseaba que él estuviera bien pero qué rayos quería decir con evacuación. ¿Realmente se podía evacuar a todo un país? Y si en todo el mundo estaba ocurriendo exactamente lo mismo, a dónde iban a meter a miles de millones de personas.

Mensaje:
De: Satoru
Asunto:
______
¿Miyuki-
senpai, los ha visto? Tenga cuidado
y esté atento, escuché que habrá una evacuación
pero aún no hay nada confirmado.
...
Las llamadas casi no salen…
...
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Dom Ene 15, 2017 3:01 am

Claire:

Gracias Kazuya.

Al coger el celular del pelimarrón y observar su ida del lugar se dispuso a revisar el teléfono, pero antes de presionar algún botón con su pulgar se dio cuenta de que había dejado un mensaje abierto. Con el seño fruncido lo leyó rápidamente puesto no era muy largo, sólo tenía curiosidad sobre su rubor anteriormente.

¿Satoru? Que yo sepa Satoru es nombre de chico, aunque existan nombres japoneses para ambos géneros, se que Satoru no está dentro de ellos.

Pensativa sacudió un poco su cabeza para quitar esos pensamientos, ya luego le preguntaría. Presiona las teclas rápidamente marcando el número de su hermano, pero desafortunadamente sonaba como si la línea la hubiesen cortado, intentó llamar a alguno de sus amigos pero el mismo sonido constante se escuchaba cada vez que llamaba a cualquiera de ellos, resignada decide dejarlo así y devolverle el teléfono a Miyuki, pero algo había captado su atención, era solo la puerta derribada que llevaba hacia afuera, era muy peligroso dejarla así, entonces fue a donde estaba el pelimarrón para explicarle la situación, pero en vez de llegar y decirle, se sorprendió de lo que estaba haciendo el de lentes.

¿Kazuya?

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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Dom Ene 15, 2017 9:11 pm

Miyuki:

Incluso colocarse el delantal le provocaba punzadas de dolor pero no quería depender de más pastillas contra ello, después de todo era un deportista y si quería hacerse profesional no debería estar pensado en drogas medicinales por mucho que lo ayudaran en estos momentos, además, las lesiones eran parte del deporte que amaba por lo que también tenía que acostumbrarse a ello. Sacudió la cabeza, alejando cualquier pensamiento masoquista que empezaba albergar. “Las lesiones significan no poder jugar una temporada, hay que tener cuidado”, pensó mientras lavaba los ingredientes.

Tenía tiempo que no preparaba okonomiyaki a pesar de ser uno de sus platillos favoritos, además de uno de los más sencillos y de los primeros que aprendió a preparar sin ayuda. Le gustaba cocinar, no tanto como el béisbol, sentía que cada detalle y paciencia que tenía ese arte era casi igual que estar en medio de la cancha, analizando con cuidado todo a su alrededor para así poder obtener una mezcla perfecta a lo que llamaban comida, o una buena jugada.

Preparó el sartén para ir colocando la mezcla y mientras esperaba recordó a las personas infectadas de “rabia”, y de pronto se dio cuenta que su futuro ya no pintaba para ser jugador profesional, ni siquiera para chef, o para una vida tranquila. También recordó el mensaje de Furuya.

-Evacuación-

Susurró, mientras en el sartén se quemaba el aceite. Aspiró profundo para calmarse, esas “personas” enfermas, aunque torpes, parecían haber sido sacadas de alguna película de terror y no sabía que pensar. Haberlas visto directamente, en más de una ocasión en un solo día fue más que suficiente para entender que lo que pasaba no era producto de los medios. Otra bocanada profunda de oxígeno para calmarse y notó el olor a quemado. Soltó el aire con frustración y retiró el sartén, luego lo lavaría, por lo mientras debía terminar ese almuerzo/cena.

Con maestría continuó preparando el platillo, al terminar colocó cada uno en un plato distinto y fue cuando escuchó su nombre. Con una sonrisa en la cara se giró.

-¡Está listo!-

Exclamó, invitándola a sentarse.

-¿Tuviste suerte con la llamada?-



Última edición por Kalitso_Lily el Lun Ene 16, 2017 4:41 am, editado 1 vez
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Lun Ene 16, 2017 2:51 am

Claire:

Apoyándose en el marco de la puerta de la cocina con los brazos cruzados mientras observaba al chico que anteriormente había visto tal acto de agresividad con la persona "rabiosa" y que ahora estaba cocinando muy dedicadamente con una expresión despreocupada como si todo lo pasado hubiese sido un sueño, la pelirroja pensó que en serio ese chico estaba mal de la cabeza, pero aún así a causa de eso esbozó una ligera sonrisa, le recordaba a su hermano, también les sucedían cosas parecidas mientras estaban en la base de entrenamiento militar, él muy tranquilo después de algo espantoso y ella frunciendo el ceño cada vez que lo veía actuar de esa manera, lo cual ya por acto de reflejo realizaba esa misma seña cuando observaba situaciones de la misma similitud.

Olfateando en algunas ocasiones el humo de la comida quemada, se dio cuenta que los papeles estaban invertidos, él cocinando y ella esperando, en un momento quiso ayudarlo realizando un gesto con el cuerpo de querer ir a donde estaba, pero al verlo tan dedicado y concentrado, volvió a apoyarse en el marco, volvió la cabeza hacia el celular del pelimarrón admirando el fondo de pantalla, una pelota de beisból, no recuerda si en algún momento realizó algún deporte en su vida, tal vez en su niñez, pero no podía recordarlo, sólo en su cabeza pasaban imágenes de su entrenamiento, deseaba hacer alguno, tal vez el beisból le sienta bien, tenía un buen brazo, aunque aún así la situación no daba como para tener una vida tranquila. Suspira.

Pensó haber escuchado algo proveniente del pelimarrón, tal vez fue su imaginación, su estómago estaba intranquilo, al oler los alimentos cocinándose le había entrado el hambre, se necesita de una buena alimentación para estar más enérgicos... Eso la hizo reflexionar un poco, cabizbaja observando el suelo de madera ahora en vez de aquel aparato, se hizo la idea de que necesitaban provisiones para su viaje, no pensaba quedarse mucho tiempo, ya al terminar la cena estaba dispuesta a irse, en su mente planificaba lo que tendría que hacer: armas, provisiones, refugios... pero una voz conocida ocasionó que se distrajera de sus pensamientos, levantó la cabeza y se dio cuenta que la comida estaba preparada.

Mmmh~ Huele delicioso.

Aceptó su invitación y se dispuso a sentarse, era una espléndida vista de la comida tradicional japonesa, al fin probaría una preparada por un mismísimo japonés. En donde vivía solo pedía comida para llevar, más que todo ramen, pero nada de eso es comparado con lo que había en su plato. Después de aquella cuestión levanta el teléfono y estira su brazo haciendo señal de que el de lentes lo tome.

Lo siento, las llamadas salen caídas, parece que no se pueden realizar llamadas a mi país...
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Sáb Ene 21, 2017 6:17 am

Miyuki:

Después de exclamar un corto "itadakimasu" se dispuso a comer la porción poco normales para una sóla persona, por fortuna él estaba acostumbrado a ingerir todo aquello sin consecuencias negativas. Ser deportista en crecimiento ayudaba a su metabolismo. Y estaba seguro que hacer la rutina de ejercicios que el padre de su senpai le dio, le ayudaría a no perder condición sin dañarse más de lo que ya estaba.

Miró el celular en las manos femeninas, sin embargo no lo tomó. ¡Realmente estarían incomunicados con sus seres queridos por tiempo indefinido? No podía creerlo, no quería creerlo. La simple posibilidad de no volver a ver al único familiar vivo, le causaba cierta acidez en la base del estómago, tampoco quería dejar de ver a cierto pelinegro por el que sabía sentía más que amistad. Pero cómo negar lo que vio con sus propios ojos, aquellas personas infectadas no tenían raciocinio, ni siquiera parecían controlar bien sus movimientos. Uno no parecía ser peligroso, pero que pasaba si allá afuera había más de uno, más de un par o de un centenar. De hecho, analizándolo mejor, uno por sí sólo, sí pintaba peligroso.

El menor masajeó el puente de su nariz soltando el aire que no había notado que estaba reteniendo y por fin tomó el celular. No servía de nada volverse paranoico en ese momento, por lo que decidió por fin tomar el celular. Tenía el seño fruncido como cuando analizaba la mejor manera de realizar una jugada en el béisbol. No le gustaba no tener más de una opción o de no ser capaz de ver más allá de lo esperado, pero debía asumir que el que los muertos comenzaran a caminar entre lo vivos, por no decir que se los comían, era totalmente diferente a uno de sus partidos en el estadio. Aún así su cerebro estaba procesando una manera de salir de esta.

-Habrá una evacuación total del país-

Reveló y continuó.

-No sé cuándo, y estoy seguro que ni siquiera ha sido transmitido por televisión, pero ¡vamos! Internet es una fuente enorme de información. Así que, sugiero que esta noche la pasemos aquí, en mi casa- sonrió como sólo él sabe hacerlo, lleno de seguridad. -Lo mejor es no separarse, así que, ¿qué dices, dormimos juntos?- no lo dijo con malicia pese a que su sonrisa decía lo contrario.

Llevó los palillos llenos de lo último que quedaba de su gran cena antes de recordar que la puerta que daba al jardín seguía en el piso y las luces de la calle, y de algunas casas vecinas, era lo único que alumbraba fuera de la residencia del ojimiel. También notó que provisiones alimenticias no tenían, después de todo al no estar en casa durante las clases, su padre no se preocupaba por llenar la alacena, y tan sólo llevaba dos días en casa como para hacer las compras. Por armas no se preocupaba, con las que había en el sótano parecían ser suficientes.

-Tenemos opciones. Podemos quedarnos aquí y armar un refugio o salir y enfrentar la realidad cara a cara-

Sus opciones parecían muy limitadas y cual fuera que eligieran, el beisbolista sabía que iban a necesitar estrategia, y provisiones.

Elongó un poco, seguía sin camisa por lo que, y pese a que las vendas cubrían gran parte de su anatomía, se podía apreciar el movimiento de sus músculos al ser estirados de manera relajante. Cuando hubo terminado se levantó, tomó su plato y lo dejó en el fregadero, ya se encargaría después de lavarlo. Primero tenía que averiguar cómo regresar la puerta trasera a su sitio de la mejor manera posible.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Lun Ene 23, 2017 7:00 pm

Claire:

Con el seño fruncido observaba al castaño pensativo, hacía gestos con el cuerpo de querer tomar el aparato electrónico, pero no ejercía la acción de hacerlo. Sus ojos café perdidos en el vacio daban a entender que estaba preocupado por algo, aunque finjía que no le pasaba nada, ella claramente lo notaba.

En un momento se dió cuenta que el teléfono ya no estaba en sus manos y las palabras "evacuación" y "país" fueron las que más resaltaron en aquella oración. Ya lo había imaginado desde antes, una evacuación sería lo más logico contra cualquier amenaza que pudiese sufrir un determinado Estado. Había considerado de que la "rabia" no era algo normal, tal vez un invento del gobierno por cubrir algo más oscuro y siniestro, una prueba concreta a su hipótesis fue lo que sucedió anteriormente con aquellos "oficiales". Atenta siguió escuchando al castaño mientras su comida también prestaba atención.

Aquellos gestos y palabras daban auras de seguridad en ellas, se lo pensó mejor, tal vez sería peligroso salir en la noche, pero también no se podía arriesgar a presenciar otro atentado como el anterior, por ende estaba en un dilema... Aunque lo último que articuló fue bastante atrevido y más si lo dijo sin llevar alguna prenda superior puesta, además de las vendas, las cuelas le quitaban el toque provocador a sus palabras.

¿Dormir juntos? -Dijo con cierto sonrojo-  Es muy amable que me ofrescas de comer pero de allí a que nosotros...

Nadie supo lo que quizo decir cuando de repente su atención cayó en el tazón del contrario siendo deborado por él mismo.
No podía desviar la mirada de la gran porción de alimentos que se había servido el castaño, incluso notó que había preparado para más de dos personas, no es que tuviera mucha hambre como para repetir dos o más veces. Para que no se diera cuenta o no incomodarlo, su visión cayó ahora en su plato, se veía y olía delicioso, estaba ansiosa por probarlo, así que después de dar gracias a los alimentos se dispuso a disfrutar de los mismos, entonces conocidas voces volvieron a interumpirla.

No quiero convertirme en tortuga... refugiada en su caparazón sin sacar la cabeza al mundo exterior, enfrentar las cosas sería lo más adecuado. Quizás personas como nosotros se estén preguntando lo mismo, si es así, esto será un caos tarde o temprano, y probablemente sea más temprano que tarde.

Antes de que se diera cuenta, el castaño había acabado. Jamás visto a alguien deborar tantos platos y ella aún seguía por la mitad. Hizo un gesto como el de apunto de soltar carcajadas en cuanto el chico dejó los trastes en el lavaplatos y se volteó hacia ella, se cubrió la boca con el puño y dio un par de risillas. Tal parece que los cachetes del contrario estaban llenos de sobras, se veía chistoso y a la vez muy tierno.

Creo que tienes algo aquí. -Se señaló ella misma en su cara para indicarle y luego terminar de comer- Si quieres yo me quedo a lavar los platos, tú encargate de descansar, esa herida aún necesita tratamiento, se nota que fue algo fuerte, ¿Que fue? ¿Un accidente?

Dejó su plato en el fregadero cerca de Miyuki.

Esta bién, me quedaré contigo, saldremos mañana por la mañana, prepararé todo esta noche así que no te preocupes.

Le guiñó y por consiguiente empezó a lavar.

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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Lun Ene 30, 2017 7:13 am

Miyuki:

El ser humano es una criatura tan compleja y sencilla que cuesta trabajo creer que siga existiendo. Es tan fácil de manipular y al mismo tiempo caer en sus trampas como insectos guiados a la luz de una muerte segura. Su mayor debilidad es su gran ego. No importa si este es demasiado bajo o demasiado alto, bastan unas palabras o algún gesto por parte de otro ser humano para que este cambie de nivel.

Miyuki siempre se consideró muy observador, tuvo que aprender a serlo, y por supuesto que el tinte rojo en las mejillas de la chica pelirroja no pasó desapercibido, por lo cual rió por lo bajo ante ese gesto, no lo definiría tierno pero sí encantador. Que una persona mayor qué él y del sexo opuesto se pusiera nerviosa con unas simples palabras suyas le inflaba el ego, más de lo que ya estaba. Sin embargo, no hizo comentario alguno, sólo incrementó su sonrisa, a saber qué había pensado su invitada.

Escuchó atento sus palabras, dándole la razón mentalmente, no podían quedarse en un solo lugar sin enfrentar la cruda y fría realidad. Cerró los ojos, pensando en lo que deberían hacer, aunque los abrió casi de inmediato.

-De acuerdo, pero primero habrá que reparar la pue…-

Se interrumpió para limpiar su cara, hace mucho que no le pasaba eso, pero su estómago le había exigido comida desde que despertó esa mañana que no había podido evitar devorar la cena.

-…-

La observó, sabía que la pregunta no había sido formulada con mala intención, y aun así pasó su mano por entre sus hebras castañas un poco incómodo.

-Pues… fue durante un partido. Soy cátcher. Uno de los jugadores rivales quería hacer una carrera a como diera lugar y eso incluía derribarme. – recordó el suceso, realmente le había dolido pero el haber obtenido la victoria fue suficiente anestesia. Sonrió ya más relajado. –Ganamos… Por lo que no le di importancia. Con todo y lesión llegamos a la final. Bueno, el esfuerzo hizo que empeorara pero logramos la vitoria y…-

Se interrumpió, sabía que el torneo en el que tanto deseaba participar no se iba a poder hacer, aquellas cosas lo habían arruinado. Aspiró profundo para relajarse, ignorando la punzada cargada de dolor que eso le trajo.

-Bueno, sólo tengo una cama, habrá que compartirla.-

Sonrió con todo el encanto del que era poseedor. No quiso estirarse de nuevo y comenzó a caminar, no rumbo a su habitación, si no a la puerta derribada. Realmente lamentaba no poder participar en ese torneo, y por supuesto no sabía que no tocaría una pelota de baseball en bastante tiempo.

….

Con pasos precisos acudió al llamado, se agachó junto al joven de no más de 34 años y asintió. Muchas veces le habían dicho que sería un excelente pitcher, que con ese hombro garantizaba que pocos bateadores lograrían golpear su lanzamiento, pero a Miyuki jamás le interesó aquello, después de todo, y en sus palabras, era más divertido controlar a esas personas arrogantes llamadas pitchers siendo él el cátcher.

La basura no era nada comparada con el olor que desprendían aquellas criaturas, por lo que ocultarse detrás de los cubos de desechos no era mala idea. El castaño tomó una botella que en alguna ocasión contuvo wiski, se asomó por un costado del cubo y los vio. Eran alrededor de 15 caminantes, no parecían tener un punto fijo al cual dirigirse, sólo deambulaban por la calle que tenían que cruzar. Era arriesgado, lo sabía, pero no tenían otra opción. Salió discretamente, hasta donde los edificios hacían sombra en ese callejón, observó con cuidado, tomó con firmeza la botella y la lanzó lo más lejos que pudo, e inmediatamente después se volvió a ocultar.

Los muertos escucharon el ruido de la botella al caer y romperse, y con una pasmosa calma se dirigieron hacia allá, dejando libre al pequeño grupo de apenas 5 personas, contando al castaño. Cruzaron la calle, el objetivo eran los medicamentos que podía contener esa farmacia.

Miyuki se quedó en la puerta, era el encargado de vigilar . Al pasar el bate desde su espalda hacia el frente, su mano rozó la pistola que cargaba desde hace tiempo y que no había vuelto a usar. La única vez había sido cuando todavía estaba en Japón, en su casa, contra su vecino, y de eso ya hacía 5 meses.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Miér Feb 01, 2017 3:24 am


Claire:


En su motocicleta. En realidad era la motocicleta de uno de los cadáveres que estaba destripado y pudriéndose frente a una gasolinera. Esas criaturas lo único que hacían era devorar y devorar, devorar y devorar, ya hace tiempo que dedujo que no lo hacían por hambre, sino por gusto. Mataban humanos por gusto y no por supervivencia, pero no solo a humanos, los animales también eran contaminados por sus pútridos dientes de cadáver descompuesto. Nadie podía salvarse de una abominación como esa al ser mordido. Debería de haber una vacuna….

Exactamente eso era la meta de la pelirroja. Una vacuna. Además de encontrar a su extraviado hermano Chris Redfield, el cual no supo nada de él hacia un tiempo, pero el cual tenía la esperanza de que aún siguiera con vida, tal vez… luchando por sobrevivir en este descompuesto mundo.

Al escuchar el ruido de la motocicleta atravesando las calles despejadas, la seguían, lentamente. Evitaba las avenidas congestionadas, ya que allí se reunían gran número de esas cosas a devorar sus alimentos. Tal vez con un “Itadakimasu”, pensó graciosamente.

Si tan solo me hubiese hecho caso en ese entonces…


Pensó en el pasado, uno feliz, tonto e incrédulo, antes del acontecimiento más importante que cambiaría la vida en el planeta por completo. “Sólo una y nada más….”, las palabras del pelimarrón resonaban en su cabeza cada vez que lo recordaba. Se colocó la mano en el cinturón y tocó el hierro. Suspiró. 5 meses son demasiado tiempo, los días son muy largos, parecían no terminar jamás, puesto que nunca se sabía si aparecería uno de sorpresa. Estaban en todas partes.

Viajaba sola. Aún no encontraba compañero para el objetivo que tenía en mente. La mayoría eran personas normales que tenían vidas normales y que murieron de formas anormales. Intentó ir a las comisarías pero sólo los oficiales se ocupaban de evacuar a las personas hacia concentraciones “seguras”. No veía a nadie en la ciudad, ni una señal de vida, además de esas criaturas, que ya estaban muertos, pero….

Observó un lugar a lo lejos, bueno para encontrar provisiones, ya parece que las últimas croquetas se le acabaron. Esas cosas no estaban cerca. El silencio era inminente. Mal augurio. Bajó de su motocicleta y decidió entrar en el penetrable muro negro de la puerta del mini-supermecado. Acompañada con una linterna y un cuchillo en extremo afilado, afiló el oído, siempre alerta mientras buscaba entre los anaqueles lo necesario para sobrevivir hasta su próxima ciudad.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Jue Feb 02, 2017 6:20 am

Miyuki:

Nada como la calma antes de la tormenta para perturbar al subconsciente. Si en épocas tranquilas era capaz de controlar el estado de las personas, en estos tiempos de supervivencia sólo generaba caos, y los primeros meses de toda esa catástrofe eran prueba irrefutable de que el miedo a lo desconocido siempre sería el peor enemigo de los seres humanos, claro, hasta que aprendieran a controlarlo.

Miyuki tuvo miedo, y curiosidad, la primera vez que vio a uno, fue miedo lo que sintió la primera vez que los vio en conjunto. Miedo cuando el avión aterrizó en otro país y sólo vio el mismo caos que en su tierra natal. También tuvo miedo por él y por la pelirroja que lo acompañaba cuando decidieron separarse. Incluso ahora sentía miedo, y como no hacerlo si el enemigo era prácticamente invulnerable; sabían cómo eliminarlos, pero los zombies rara vez se movían solos, siempre eran “motivados” por sus congéneres a caminar en conjunto en busca de más alimento. Una nueva presa, un nuevo miembro entre ellos. Y en el momento en el que se vio solo, el castaño se prometió que no iba a formar parte de sus putrefactas filas.

Observó atento cualquier indicio de peligro. Sabía que su lanzamiento había sido efectivo, pero también sabía que tenían tan sólo un par de minutos antes de que más de esas cosas aparecieran. Afianzó con ímpetu el bate, algo parecía acercarse, con tanto silencio alrededor se podía escuchar el sonido que generaba el arrastrar los pies sobre el asfalto. Miyuki acomodó sus lentes que se habían deslizado un poco por el puente de su nariz, justo cuando quitó su mano, lo vio, sólo era uno y caminaba con aparente pereza. El caminante no pareció detectarlo por lo que el castaño sólo tomó nota mental de su ubicación. Casi al instante otro más se dejó ver, tampoco notó su presencia, un tercero arrastraba una de sus piernas desde el otro extremo de sus pares. Kazuya apretó con más fuerza, si es que eso era posible, el bate. Aún estaba tranquilo, sin embargo, la presencia de uno de ellos saliendo por mismo callejón que hace no mucho había usado de escondite, provocó que su ritmo cardiaco comenzara a acelerarse, pero aún no lo suficiente como para dar aviso a sus compañeros. Este último no-muerto tampoco lo había visto.

Y si no hubiera estado tan concentrado observando cada movimiento de los cuatro muertos que se paseaban por la calle, hubiera notado al quinto que se arrastraba desde un costado de la farmacia, fue demasiado tarde cuando lo notó, cuando lo sintió. Esta vez su corazón no se aceleró sino que sintió que se detuvo en el momento en el que una mano tomó con extrema fuerza su tobillo derecho. Bajó la vista, el muerto emitió un gemido gutural, y en seguida a este le vinieron más gemidos de los que se encontraban en la calle y que ahora caminaban en su dirección.

En ese momento agradeció a la pelirroja por aquel consejo de cambiar sus tenis deportivos por algo más protector como aquellas botas que ahora usaba. Pateó al muerto que lo quería morder, sin lograr que lo soltara, y sólo consiguiendo más de aquellos gemidos que alertaban a otros zombies, sabía que aquellos cuatro no serían su problema, pero también sabía que si no se daba prisa en deshacerse del que lo tenía preso, pronto tendrían a una manada encima. Alzó el bate, la pistola no era una opción, tenía que hacerlo, seguía sin gustarle “matarlos”, incluso podía contar con los dedos de sus manos a los que había eliminado, pero esa era una emergencia, lo hacía o en serio jamás se tendría que volver a preocupar por matarlos.

Después de un par de golpes logró quitárselo, salvo por los dedos y parte del brazo que seguían apresando su tobillo, no le dio importancia, los otros estaban a tan sólo dos metros de él por lo que entró a la farmacia. Todos lo observaron.

-Cuatro… y vendrán más-

Ni bien terminó de decir lo último, la puerta fue golpeada por fuera.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Gilary007 el Miér Feb 15, 2017 8:04 pm

Claire:

El peligro acechaba en cualquier milímetro de oscuridad, además de la amenazadora mordida de aquellas criaturas, también muchas enfermedades infecciosas comenzaban a originarse. Igualmente, lo que son el hambre y los suicidios, incrementaban a medida en que se hacían más campos de concentración para proteger a las personas de una terrible realidad que comenzó hace poco tiempo. Los no-vivos inundaban las ciudades con su presencia, incrementando su número al toparse con cualquier criatura sana que estuviese en los alrededores. Era un completo caos entre el orden y el desorden.

En aquel minimarket, donde la carne descompuesta y frutas podridas fueron abandonados por la mano del hombre, dos puntos bajos y brillantes tintinearon en la oscuridad. Amarillentos. Centellantes. Acompañados por un iracundo gruñido, amedrentaban contra la pelirroja.

Nos volvemos a encontrar. –Expresó seriamente mientras dejaba los productos de duradera capacidad que había tomado con anterioridad, lentamente en el suelo.-

El centelleo junto al ronco sonido se acercaron rápidamente con cuatro pasos veloces casi al unísono, siendo descubierta su figura por la luz de la luna que emanaba del techo del establecimiento, dio un salto hacia la chica. La misma logró esquivarlo echándose hacia un lado, dejando a la sombra caer sobre un conjunto de latas amontonadas.

Con agilidad, Claire corrió a la sección de productos de limpieza, intuida por el olor a detergente del pasillo. Tomó un bastón de escoba y se mantuvo alerta. Muy quieta. Su corazón estaba exaltado, pero no iba a dejar que el miedo la llevara de la mano hacia la muerte. Respiró profundamente, escuchando los pasos y gruñidos acercándose poco a poco.

Si algún día se termina todo esto y sigo viva, escribiré un libro de supervivencia. –Pensó-.

Aquella “cosa” logró encontrarla, observando a la chica de manera furica desde la entrada del pasillo. Corrió hacia ella. Pero justo en el momento preciso, la pelirroja dio un tajo, y fue tan fuerte el golpe que la cabeza del animal quedó abierta de par en par, dejándose caer ya muerto en el suelo mientras emanaba de él un líquido oscuro y fúrnico.

La chica daba gemidos (del miedo), hasta volver su respiración a la normalidad luego de un profundo suspiro. Estaba salpicada de sangre. Me haría bien un baño, pensó, y al volverse observó los jabones en el estante y cogió uno.

¡Que oportuno! –Expresó con una sonrisa en el rostro, ya matar a esas “cosas” durante un cierto tiempo la hacían volver menos preocupante, asumía que ya no eran seres vivos, aunque le seguían temblando las manos cada vez que lo hacía. Se enseriesó al escuchar ruidos que provenían de todas direcciones del minimarket, tumbando productos o arrastrándose, acompañados de lamentos.- Mierda.

Tenía que salir de inmediato de allí, el ruido ocacionado anteriormente atrajo a los “rabiosos”, ya no bastaba con el perro que mató. Eficazmente y con el bastón en la mano, el cual al darse cuenta mejor con el brillo de los rayos lunares, era un delgado hierro, fue velozmente al sitio donde había dejado los productos que había colocado en el suelo con anterioridad. Demasiado tarde. El lugar estaba infectado por todos ellos. Se escondió.

Eran lentos, así que podría evadirlos por los pasillos adecuados; pensando en eso, decidió tomar una lata de sopa de tomate y lanzarlo a lo lejos, tal vez el sonido de la caída los distrajera.
Funcionó.

Esperó un rato hasta que la mayoría siguiera el sonido provocado por el producto, así que aprovechando el pasillo deshabitado hacia la salida, resopló y se desplazó tan rápido como si su vida dependiera de ello (En realidad así era). Concentrada en su meta, apenas y se dio cuenta del rabioso que la atrapó de un lado, haciendo que los dos causaran un alboroto en el suelo. La pelirroja tratando de zafarse de eso, apoyaba el hierro al cuello del no-vivo para evitar que la mordiera, y con toda la fuerza que tenía, lo sostuvo con una mano y con la otra tomó el arma de su cinturón.

El disparo resonó por todo el lugar, y a su vez trajo los lamentos de las demás criaturas, volviéndose hacia el origen del sonido de la bala disparada. La chica, sentada y apoyada en el estante, observando al no-vivo del agujero en la cabeza, trataba de calmarse. Sus manos temblaban, estaba paralizada del miedo a ser mordida. Las “cosas” continuaban acercándose, inclusive las de cuatro patas.

Vamos Claire, reacciona… no puedes morir en un mini supermercado, no eres su alimento… -Se dijo para sí misma. Acto seguido y con mucha voluntad, se levantó y corrió hacia la salida.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

Mensaje por Kalitso_Lily el Jue Mar 09, 2017 5:26 am

Miyuki:
Sus compañeros más cercanos atracaron la puerta, no había mucho de dónde elegir para dicha acción. La mayoría de los estantes estaban vacíos pero firmemente sujetos al suelo de concreto y lo que sobraba no aguantaría lo suficiente. Por lo que, y sin excepción, todos miraron al líder en busca de una solución rápida. Incluso el castaño beisbolista, que se jactaba de sus habilidades para la estrategia rápida, observó con cierto aire de preocupación al mandamás, no sólo de esa pequeña expedición, sino de todos los sobrevivientes del refugio.

El líder no debería de pasar los 35 años, Miyuki dudaba incluso, que llegara a los 30. Pero era de esas personas que con tan sólo verlas, sabías que podías confiarle tu vida. Eso era lo que pensaban todos, sin tener en cuenta que estando en una situación desesperada, el que alguien más tomase las decisiones hacía más fácil decir después “la culpa no fue mía”. Sin embargo, el hombre no solía tener malas ideas y aceptaba las opiniones de los demás si eso beneficiaba a todos por igual. En otras palabras, era un buen líder.

Salir de la farmacia, junto con todas las provisiones que alcanzaron a tomar, no fue difícil, lo complicado llegó en las calles. Cada avenida, cada callejón, cada esquina parecía estar ocupada por aquellas criaturas y más de una vez tuvieron que regresar sobre sus pasos, no deseaban usar sus armas de fuego, no en un lugar como aquel. Se detuvieron para tomar un respiro y planear una nueva estrategia de escape. Miyuki soltó un chasquido, por un lado deseaba poder eliminarlos con cuanta bala tuvieran y por el otro, sabía que aquello sería una muerte segura, sin olvidar la carga moral y emocional que eso traería.

De repente, cuando se detuvieron, todo pareció adquirir una calma áspera, ese silencio provocado por el cúmulo de emociones negativas, aquel que avisaba que pronto ocurriría un desastre y que era inevitable que pasara. Miyuki giró la cabeza, buscando algo, lo que fuera, que le dijera que es lo que pasaría. Vio las calles que seguían llenándose de muertos, no había aves, de hecho no había visto un solo animal “doméstico” en mucho tiempo. Alzó la mirada, el viento que soplaba se filtraba a través de los cristales rotos de los edificios. Un escalofrío recorrió el cuerpo de cada uno de los cinco hombres acuclillados, provocado por el rugido de la plaga que los había localizado. No tenían opción, si querían seguir y llegar al refugio sanos y salvos, tenían que usar sus armas.

El frío metal del arma saludó sus dedos, sólo tenían que correr mientras disparaban, era lo más factible, eso o cada uno lo usaba para meterse una bala entre los ojos. Y a ninguno le parecía aceptable la idea del suicidio, no aún. Todavía quedaba el brillo de esperanza en más de uno.

*¡BANG!*

Y alguien se les adelantó, un disparo no muy lejos de donde estaban llegó a los oídos de todos los presentes, incluyendo a los no muertos, y provocando que estos últimos se dirigieran en esa dirección. El japonés, junto con otros tres miembros del pequeño pelotón miraron al más joven del grupo, un chiquillo de 15 años, cabello rubio, ojos azules y ligero acné. La adolescencia, una de las etapas más difíciles en la vida, más difícil vivirla en un mundo lleno de gente muerta que camina y devora a los vivos. Pero ese adolescente había demostrado ser muy audaz y lo más importante, y el motivo principal por el que los acompañaba en esa expedición, había vivido en aquella zona de la ciudad, el niño la conocía muy bien y sabía de donde había provenido el disparo.

No tenían tiempo para pensar mucho, a pesar de que el disparo provocó que muchos de los caminantes se alejaran, otros tantos decidieron que la comida más cercana eran ellos. El líder fue claro, dos hombres irían en busca del sobreviviente, analizarían la situación para ayudarlo y llevarlo al refugio, ni bien terminó de dar indicaciones y antes de que Miyuki pudiera ofrecerse a ayudar, el más alto del grupo, un pelirrojo y de cabello rizado tomó al adolescente rubio y se lo llevó rumbo al mini supermercado, lugar de origen del disparo.

Mientras sus dos compañeros se alejaban, el resto servirían de distracción. Miyuki alzó su arma, apuntó a uno de los muertos que se acercaba, estaba a no más de 3 metros, y jaló el gatillo. La bala dio directo en la boca del caminante, haciendo que cayera para jamás levantarse. El castaño maldijo por lo bajo, había dudado y a pesar de que el disparo había cumplido su objetivo, él había apuntado a la frente, tenía que practicar más, además de quitarse la idea de que esas cosas ya no eran personas. Un sólo disparo bastó para que la manada comenzara a perseguirlos con más ahínco. Era momento de la huida.

El catre que ocupaba en el refugio era una de las cosas que podrían llamarse “lujos”, la mayoría dormía en el suelo, pero dado que cuando llegó ahí, sus lesiones deportivas no estaban del todo curadas, le cedieron esa “comodidad”. Se recostó, la misión a la farmacia, con relativo éxito, comenzó desde el amanecer, y cuando regresaron, al Sol no le faltaba mucho para ocultarse. Su mente lo llevó a los momentos de la huida, pero en especial recordó a sus dos compañeros que se arriesgaron para ayudar a aquel imprudente que usó un arma en una gran ciudad y que aún no volvían, o eso creía él.
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Re: Lirios al anochecer "Guerra Mundial Z - Libro" (libre)

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